tututu
Tus dudas en la primer cita
Ni la ropa más sexy ni la palabra mejor elegida servirán para algo si al final no le gustas. Para que después de ese encuentro haya otro (y otro y otro), la clave es más simple de lo que crees. Te explicamos.
Por fin ese bombón te llamó y aceptaste
salir con él. Pero después de dos
horas frente al espejo, sigues pensando:
“¿Le gustaré?” Es natural tener esa
duda... al fin y al cabo, esa primera cita
es una oportunidad para mostrarte tal
y como eres, y además está en juego la
posibilidad de una futura relación. “Es
un momento muy importante, que
genera una expectativa parecida a la de
una entrevista de trabajo”, dice la
sicóloga Mercedes Garau. “En ambos
casos, quieres causar la mejor impresión
y ser aprobada. Pero para aligerar
la presión, no olvides que tú también
eliges en ese encuentro. No estás allí
sólo para ser evaluada; también eres
parte activa del proceso y tienes derecho
a decidir si el chico te gusta o no”.
El problema es que muchas veces la
ansiedad es tan grande, que olvidas ese
detallito... y te cuesta disfrutar de la
noche mostrando lo mejor de ti.
Tal
vez te tranquilice saber que eso le ocurre
a la mayoría de las chicas. Les preguntamos a 500 lectoras qué les pasaba
por la mente antes de una primera cita,
y más de la mitad aseguró que el miedo
de no agradar es tan alto, que a veces
hacen demasiadas concesiones sólo
para causar una buena impresión, incluyendo
renunciar a ser auténticas.
Pero eso puede echarlo a perder todo.
“Fui a
buscar al chico porque su auto estaba en el taller y lo dejé manejar
hasta el cine”, dice Fernanda, de 28
años. “En el camino, no frenó a tiempo
en un semáforo y chocó con otro auto.
Aunque sólo le rompió un farol, la
noche se estropeó en ese instante.
Nunca presto mi auto, pero le di las
llaves para hacerme la simpática”.
Moraleja: una primera cita no tiene
que obligarte a hacer lo que nunca haces
ni dejarte sin apetito. Cosmo habló con
los expertos y descubrió el menú ideal
para que saborees el encuentro... ¡y
hasta te chupes los dedos después!
Duda 1:
“¿Me hallará sexy?”
¿Cómo lo conquistas? ¿Es esencial un
buen escote, ponerte una supermini y
usar tacones rascacielos? Vivimos rodeadas
de imágenes de mujeres perfectas,
por eso a veces llegamos a creer
que para despertar el interés de un
hombre tenemos que lucir como las
modelos. Pero no es así. “Es un error
pensar que le gustarás gusta sólo por lo que
ve”, comenta
Garau. “A veces lo que cautiva a un hombre es tu modo de ver
las cosas. No eres sexy por llevar un
escote audaz. Ser sexy tiene más que
ver con ir a la cita dispuesta a serlo”.
Revisa tu clóset y si no encuentras
algo que te haga sentir linda, piensa:
“¿Por qué no voy a verme bien? ¿Qué
me lo impide?” Tal vez descubras que
en lugar de un sostén push-up, sólo
necesitas ser menos autocrítica. Si tú
misma no te aceptas, siempre vas a
buscar la aceptación ajena. ¿No refleja
tu ropa tu personalidad? Cambia de
estilo. “Es difícil vivir siendo gatita, y
una noche convertirte en tigresa”, opina
Garau. “Si tu ropa no te hace lucir como
quisieras, pregúntate por qué. No te
disfraces de algo que no eres”.
Duda 2:
“¿Y si hablo de más?”
Según nuestra encuesta, otro de los
errores que cometes tratando de caer
bien en la primera cita es hablar hasta
por los codos. “Cuando me doy cuenta
de que monopolicé la conversación, ya
es demasiado tarde”, admite Leticia, de
26 años. Según el libro Los secretos de
la comunicación interpersonal, de Perry
Word, estas son las cuatro cosas que
debes vigilar para que tu charla no perjudique
tu conquista: a) El tono de tu
voz y la velocidad con que hablas (ni
muy alto ni muy bajo; ni tan rápido que
no te entienda ni tan lento que lo aburras).
b) Motívalo para que hable sobre
sí mismo. c) Descubre puntos en común
y coméntalos (ambos se van a sentir más
cómodos si pueden mostrar cómo son
y qué les gusta). d) Interésate en sus
respuestas y hazle más preguntas.
Duda 3:
“¿El también quiere
impresionarme?”
Saber que él está tan ansioso como tú
por causarte una buena impresión, te
ayudará a ser menos exigente contigo
misma. Los hombres no son tan seguros
como parecen. Necesitan mostrarse
viriles, protectores, inteligentes... por
eso fingen que lo son. Por ejemplo, casi
siempre son ellos los que eligen el lugar
donde será la cita.
Pero básicamente lo
hacen porque “los atemoriza dar la
impresión de indecisos, o temen que
por querer complacernos, pensemos
sicóloga Mabel Grossman. Para que
tengas una idea: en lugar de pasarse dos
horas en el salón, él se queda lavando
su auto como si en eso le fuera la vida.
Por eso es probable que sobreestimes
a tu candidato. “Si un hombre te abre
la puerta o te mueve la silla, al minuto
piensas que es gentil, sensible, educado,
ama a los niños y, por tanto, será
un padre y marido ideal”, añade Leila
Navarro, terapeuta y autora de La vida
no tiene que ser tan complicada. Pero,
¿y si lo hace sólo para quedar bien en
la primera cita, y a la décima no mueve
ni un dedo? Pues ocurre más a menudo
de lo que probablemente crees.
Duda 4:
“¿Habrá otra cita?”
En ese primer encuentro, quieres saber
qué piensa y siente ese chico, pero también
qué planes tiene para más adelante.
“Me pregunto si me hallará atractiva,
interesante, inteligente y, por
supuesto, si volveremos a vernos”, dice
Lucía, de 31 años. “Yo también fantaseo
sobre si será el hombre de mi vida”,
añade Mayra, de 25. Pero ¡alerta roja!:
si empiezas pensando así, terminarás
descuidando el presente.
“Piensa que
vas a salir con un amigo y deja que las
cosas sucedan naturalmente”, advierte
Navarro. No se trata de fingir que él no
te interesa. Sólo procura divertirte.
Duda 5:
“Y si no funciona, ¿qué?”
Entre nosotras, ¿por qué siempre te
preguntas si le vas a gustar, y pocas veces
si él va a cumplir tus requisitos? “Me
pasé nerviosa toda la noche, y al final
sentí que él no tenía nada que ver conmigo”,
dice Juliana, de 28 años. “Cuando
volvió a llamarme para salir, me pareció ó
raro ser yo la que dijera que no”.
Otro dato importante: no te tortures
analizando tu comportamiento en la
cita y pensando que esa fue la razón por
la que no te volvió a llamar. Luciana, de
27 años, creyó que lo había hecho todo
mal. “Estaba tan nerviosa, que le reñí
al pobre camarero cuando se equivocó
con mi plato”, cuenta. “Después hablé
tanto, que no dejé al chico ni abrir la
boca. No podía creer cuando al otro día
me invitó al cine. Me confesó que le
resultó simpático mi estilo espontáneo”.
Y es que hasta los nervios pueden
ser encantadores. Porque al fin y al
cabo, no hay arma de seducción más
poderosa que la autenticidad.
Cosmo/Marcia Kedouk


