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Voleibol-Mundial-2006 Nota 

La increíble reconstrucción de Kobe, un milagro de la voluntad

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La ciudad-puerto japonesa de Kobe, prácticamente devastada por un terremoto hace poco más de una década, es en la actualidad una urbe moderna en todo su esplendor que, entre otros, durante estos días acoge una de las cuatro sedes de la primera ronda del Mundial femenino de voleibol.

Historia continua abajo

El 17 de enero de 1995 Kobe acaparó la atención mundial cuando un fuerte seísmo la dejó prácticamente en ruinas, con un balance de más de seis mil muertos sobre una población de aproximadamente millón y medio de personas.

Sin embargo, sus habitantes apenas se tomaron el tiempo necesario para lamentar la tragedia y, con mucho sacrificio, voluntad y la solidaridad del resto de los nipones, la reconstruyeron en un abrir y cerrar de ojos.

Su centro comercial y empresarial se extiende sobre de una estrecha y larga faja costera densamente poblada, limitada por la zona portuaria y el Monte Rokko, que domina la ciudad, mientras que en su falda norte y oeste han crecido grandes barrios residenciales.

Junto a la cercana Osaka, la tercera ciudad del país, y Kyoto, la antigua capital imperial y "patria de las geishas", conforman un triángulo estratégico que es el motor económico de la región del Kansai, la gran cuna de la cultura japonesa.

"Tras el desastre natural, la fuerte inversión produjo un gran crecimiento económico", explicó el alcalde Tatsuo Yada al recibir este jueves a directivos de la Federación Internacional de voleibol (FIVB).

Recordando el regidor que "el gran complejo construido para las Universiadas de 1980 (que incluye el Green Arena, donde se disputa el actual torneo) ha sido vital para el desarrollo deportivo de la ciudad".

A la vista de los occidentales, al igual que casi todo el resto de Japón, Kobe proyecta una imagen plagada de contradicciones: moderna y cosmopolita, pero también a la vez provinciana y rural.

Su puerto ha sido desde la segunda mitad del siglo XIX clave para el comercio con el continente, con China y Corea en particular, lo que constituyó un motivo de atracción para miles de extranjeros, por lo que no extraña que además de los tradicionales santuarios sintoístas y templos budistas, en el barrio antiguo de Kitano, donde destacan señoriales y viejas mansiones de estilo occidental, haya además de iglesias, una mezquita, una sinagoga y un templo hindú.

La población china es también muy importante, quizás la más numerosa de todo Japón.

En este contexto, se ha desarrollado una intensa y variada vida cultural y, en esta semana por ejemplo, el Mundial de voleibol y la orquesta filarmónica de Friburgo se disputan el protagonismo del cartel.

Pero, la gran seña de identidad viene desde tierra adentro: el "Kobe Beef", la preciada carne de novillo que debe buena parte de su sabor a la cerveza que se le suministra a las reses como parte de su alimentación. Un lujo que le ha proporcionado fama universal.

Como marca la tradición del país, en Kobe el ser humano convive en armonía con la naturaleza y así, edificios y autopistas de líneas futuristas, fruto de la reciente reconstrucción, se integran en el paisaje con viveros y bosques de un intenso y esperanzador verdor.

Terra/AFP

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