Cerco militar
México irrumpió esta semana con soldados en el corazón del territorio del narcotráfico para frenar la violencia entre bandas rivales que a diario deja muertos en las calles, pero muchos creen que lo más sangriento de la batalla aún está por venir.
Culiacán, 17/05/2008- En Culiacán, la capital del norteño estado de Sinaloa, los habitantes se encierran en sus casas por las noches para evitar ráfagas de ametralladoras que pueden sorprender en las esquinas de la ciudad, ahora patrullada por militares en blindados.
Esta ciudad es cuna del capo Joaquín "El Chapo" Guzmán, el hombre más buscado del país y líder del cártel de Sinaloa.
Sinaloa comenzó a vivir bajo la sombra de la droga hace más de un siglo con el cultivo de opio. En la actualidad, en el estado muchos adoran al "santo narco," el fallecido y legendario bandolero Jesús Malverde, un "Robin Hood" que tiene su propia capilla.
Pero la violencia entre las bandas, que buscan controlar las rutas de tráfico hacia Estados Unidos, se salió de control en las últimas semanas y llevó al Gobierno a enviar 2,500 soldados y policías que sitiaron la ciudad con retenes y clausuraron casas de cambio donde creen que se lava dinero.
"Ahora sí nos alcanzó la violencia," dijo Carlos Núñez, gerente de una tienda de neumáticos en un centro comercial que quedó con las paredes llenas de balazos, la cortina de metal perforada y tres cadáveres en la puerta.
Unos 40 sicarios acribillaron la semana pasada frente a esa tienda a Edgar Guzmán, nada menos que uno de los hijos de "El Chapo," apenas tres días antes de que las autoridades capturaran al primo del capo del cártel de Sinaloa.
Terra/Reuters
