Bolivia-cultura Reportaje
Con unos 50.000 danzarines entre niños, jóvenes, adultos y extranjeros, y más de un siglo de vida, la fiesta andina religioso-pagana del "Señor Gran Poder" en Bolivia aspira a convertirse en Patrimonio Cultural de la Humanidad.
"Es muy divertido, es muy buena experiencia", dice en un rústico castellano la sueca Cecilia Gold, de 31 años, quien con su larga estatura y blanca piel sobresale frente otras mujeres aymaras y mestizas del grupo folklórico "Señorial Illimani", que interpreta la danza "la morenada".
"Tuve que practicar unas dos semanas", afirma la mujer escandinava -quien llegó a Bolivia hace un mes, procedente de su ciudad natal Lund, en la sureña provincia de Escania- mientras se mueve lentamente de izquierda a derecha, al son de su banda folklórica de un centenar de músicos aymaras.
El "Señorial Illimani" está compuesto por unos 1.300 miembros que interpretan el característico baile andino "la morenada", impregnado de ritmos africanos y dominado por instrumentos de viento y percusión, mientras entonan el estribillo "por tus calles bailaré, Illimani señorial".
"La morenada" tiene sus orígenes entre los siglos 16 y 17, cuando miles de negros fueron arrancados de África, primero para explotar la plata en la ciudad boliviana de Potosí --después de que los conquistadores españoles enloquecieran al encontrarse con las fastuosas riquezas mineras-- y luego en los valles agrícolas en La Paz.
También destaca la famosa "diablada", una representación de la adoración al malvado "Supay", equivalente a Belzebú, guardián de las minas de plata y estaño, a quien rinden pleitesía los ávidos mineros bolivianos para apaciguar su sed de sangre.
Otros bailes con fuerte influencia de los pueblos originarios, aledaños al Lago Titicaca, son los "llameros" que recrean la crianza de auquénidos (camélidos de los Andes meridionales) en el campo, los "incas" que recuerdan la adoración a "Inti", el dios sol quechua, o los "kullawas" que recrean a los hábiles hiladores de lana de llama o alpaca.
"El Señor del Gran Poder" es la fiesta andina que adora la imagen de un Jesucristo que en sus orígenes en el siglo XXVII tenía tres rostros, representando la "Santísima Trinidad".
A principios del siglo XX se le atribuyeron a la imagen milagrosas sanaciones en barrios pobres de La Paz, donde existía un intenso movimiento comercial agrícola y donde posteriormente los vecinos comenzaron a organizar fiestas callejeras cada mes de mayo.
Fueron esos habitantes aymaras convertidos en poderosos comerciantes de la zona quienes se constituyeron como la columna vertebral de la fiesta, donde aprovechan para hacer ostentación de su riqueza.
Las mujeres aymaras que interpretan "la morenada" suelen colocar joyas de oro sobre sus sombreros borsalinos o prendedores de igual valor para abrochar sus mantillas andinas.
Se estima que el precio de las diademas que cargan se evalúa entre 3.000 y 4.000 dólares, algo inusual para la empobrecida Bolivia.
Las dimensiones de la festividad motivaron que sus organizadores comiencen a discutir los mecanismos que seguirán para postular al "Gran Poder" ante la UNESCO, como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
"Estamos trabajando junto a la alcaldía de La Paz para seguir los trámites que exige la UNESCO, esta es una de las más grandes fiestas" andinas, asegura el presidente de la Asociación de 55 Fraternidades Folklóricas, Fernando Valencia.
Terra/AFP