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La euforia, la evaluación de los años privados de libertad y el reajuste en la vida familiar y laboral son las tres etapas por las que tienen que pasar las personas liberadas tras secuestros prolongados, y en el 25% de los casos quedan daños psicológicos irreversibles, aseguran los expertos.
"Siempre va a dejar huellas, no son siempre patológicas pero sí cambios", aseguró a la AFP Olga Gómez, directora ejecutiva de la organización no gubernamental País Libre, que lleva dieciséis años dando ayuda psicológica a las víctimas de secuestros y a sus familias.
Para todos los rehenes, pero en particular para los de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que están o han estado hasta diez años secuestrados en condiciones infrahumanas, recuperar el pulso de la vida será un proceso lento y penoso que precisará de mucha ayuda psicológica, tanto para las víctimas como para sus familiares.
Trastornos traumáticos como el insomnio, el miedo a que vuelva a suceder, los cambios en los vínculos afectivos, son algunos de los problemas que enfrentan las víctimas en los primeros meses de haber recuperado su libertad.
Según Gómez, la "pérdida de control sobre su vida" durante un secuestro hace que las víctimas se sientan mucho más vulnerables.
"Salen del cautiverio desconfiados, con un montón de defensas psicológicas", por lo que retomar hábitos, como dormir en una cama, "puede resultar difícil y no siempre se logra", agregó.
El primer año de vuelta a la vida en libertad es decisiva para un ex secuestrado, que pasará por varias etapas. El cumplimiento de cada una de ellas determinará su futuro.
La primera y más llamativa, como se ha podido comprobar con los 15 rehenes rescatados el miércoles de manos de las FARC, es la euforia incontenible, la hiperactividad y la lucidez tras dejar atrás el calvario.
Quizá, el mejor ejemplo es el de la política colombo-francesa Ingrid Betancourt, quien tras seis años y cuatro meses de un duro secuestro -la mitad permaneció encadenada día y noche- ha desplegado una frenética actividad familiar, política y mediática tanto en Colombia como en Francia.
"Hay muy poca vida privada en los primeros mes y medio dos meses", explicó Gómez a la AFP, en comunicación telefónica desde Cali (suroeste).
Después llegará la fase de "evaluación": saber con qué se quedan, qué han perdido, cómo se ha transformado la familia. Es el momento de "recoger mucha información de amigos y familiares" para "suplir el vacio" al que los condenó el secuestro, precisó.
Lo más duro llega a partir del "cuarto o quinto mes" en libertad, con el "reajuste" a la nueva vida, "los pactos con la familia y la reinserción laboral", añadió.
Pero sobre todo, empieza un periodo en que se da rienda suelta a la "profunda rabia" que en general "se proyecta contra la familia, el Estado, los hijos, hacia algo", dice la psicóloga.
Pero no todo el mundo llega a esta última etapa. El 25% de los rehenes liberados sufrirá secuelas piscológicas irreversibles, advirtió la experta.
La superación de estas etapas dependerá de la personalidad de cada uno y de su "historia previa", como la tendencia depresiva, los problemas conyugales o las fisuras familiares, la situación económica y sobre todo, la posibilidad de reinsertarse en el mundo laboral, explicó.
Pero sobre todo, de cómo hayan pasado el secuestro. "Si no te apegas a algo, te mueres. Allá en la selva, no llega sino Dios", dice Gómez al explicar el profundo sentido religoso que impregnó los discursos y la actitud de los recién liberados de las garras de las FARC.
Betancourt aseguró que la "espiritualidad" la ayudó a no "caer en el abismo" ante las torturas, vejaciones y humillaciones que le infligieron sus carceleros.
"Sentí que existe la tentación de abandonarse a comportamientos demoniacos (...); creo que hay que conservar una gran espiritualidad para no caer en el abismo", sentenció.
Terra/AFP