América Latina
24/10/2006 - 12:30(GMT)
Hace tres años los agricultores corrían en masa a sembrar soya desde la colinas del sur del país hasta el norte amazónico y preparaban a Brasil para superar a Estados Unidos como el mayor productor del mundo.
Ahora están reduciendo sus plantaciones y, entre la espada y la pared debido a la baja pronunciada de los precios de la soya y al aumento de los costos de producción, responsabilizan al presidente Luiz Inacio Lula da Silva por no respaldar al agronegocio que mueve un tercio de la economía de Brasil.
Los agricultores, que lo ayudaron a llegar a la presidencia en 2002, están ahora renuentes a darle otro mandato en la segunda vuelta electoral del 29 de octubre, cuando se mide con el socialdemócrata Geraldo Alckmin.
Golpeados por el fortalecimiento del real frente al dólar durante el gobierno de Lula, los agricultores se quejan que reciben menos dinero por la exportación de sus cosechas.
No son los únicos. Los exportadores de zapatos y de ropa también sintieron el impacto de un real más fuerte ante la divisa estadounidense, lo que vuelve sus exportaciones más caras en el codiciado mercado externo.
Zapatos y ropas de China y Argentina son ahora más baratos para los importadores de Estados Unidos y Europa. Y los analistas ya no pronostican que Brasil se convertirá en el rey mundial de la soya, el producto codiciado por su variedad de usos, desde forraje para animales hasta la preparación de comida.
En Pulinopolis, no muy lejos de la frontera de Paraguay, Ricardo Visioli, lamenta que este año sembrará 500 hectáreas de soya, 50 menos que el año pasado.
Desde 2003, los precios de la soya han bajado el 40%. Además, el precio del combustible y de los fertilizantes ha aumentado. Pero lo peor, dice, son las tasas de interés de dos dígitos impuestas por la administración de Lula.
Con esas tasas, los brasileños pagan más por los préstamos que sus competidores extranjeros. El gobierno controló la inflación pero al mismo tiempo hizo difícil el financiamiento y fortaleció al real.
"Un país no sale adelante castigando a los productores", dice Visiolo, de 34 años, quien desde los siete ha cultivado la tierra de su familia en el estado sureño de Paraná . "Esta es una política agrícola kamikaze y si se mantiene el año entrante, no sembraré soya. Con la voluntad de Dios, mi hijo no será agricultor".
Siete de los 10 principales estados agrícolas de Brasil prefirieron a Alckmin el 1 de octubre, negando al presidente una victoria en un primer turno. Lula consiguió 48,6% de los votos válidos y Alckmin alcanzó 41,6%.
Ahora es una carrera entre dos hombres y los analistas afirman que esos votos de los agricultores podrían ser clave, aunque los estados agrícolas tienen mucho menos votantes que las zonas industrializadas de Brasil.
"El voto de los estados agrícolas es importante porque estamos bajo márgenes pequeños" en el pleito, dijo David Fleischer, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Brasilia que analiza las elecciones brasileñas desde 1989. Los votos de los estados agrícolas "podrían ser el margen de diferencia", agregó.
Los expertos afirman que Lula no es responsable de muchos de los problemas de los agricultores porque no está en sus manos el control de los mercados internacionales. Además algunas zonas de cultivos de soya, como Paraná, también han sufrido una sequía.
Pero parece vano recordar esos detalles a los agricultores, quienes citan las repetidas promesas de Lula en la campaña electoral del 2002 de ayudarles.
Al beber una tasa de café en una cooperativa agrícola, a la espera que las lluvias tropicales amainen para poder plantar la soya, el agricultor Antonio Molonha coincide en que Alckmin puede seguir las mismas políticas económicas de Lula si es elegido.
Pero indica que de cualquier modo hará un voto de protesta contra Lula.
"Quién sabe si las cosas mejoren, pero por lo menos será un cambio", dijo Molonha.
En el primer estado soyero, en Mato Grosso, cerca a la región amazónica, se espera que los agricultores planten unas cinco millones de hectáreas este año, menos que las 5,8 millones de hectáreas de la cosecha 2005-2006.
Decenas de miles de trabajadores en Sao Paulo, quienes perdieron sus trabajos en fábricas de zapatos y ropa, también podrían votar por Alckmin, dijo Jorge Donadelli, quien dirige la influyente asociación de productores de zapatos.
"Había un brillante futuro industrial hace tres años, pero eso desapareció", dijo.
Terra/AP